23/06/2017

La combinación perfecta: vino y queso. GTRES
Antiguamente se usaban quesos fuertes para enmascarar el sabor de los vinos malos, pero hoy en día se sabe que hay otras razones para que ambos sean perfectos compañeros de mesa.
El vino es al queso lo que las pastas al té o el aceite a la ensalada: pueden tomarse por separado, pero sin duda ganan mucho juntos.
Tanto es así que antiguamente los bodegueros conseguían vender incluso sus peores caldos gracias a la artimaña de ofrecerlos a sus compradores acompañados de una ración de queso, de modo que su olor y su intenso sabor enmascaraban el gusto del vino.
Aquella anécdota ha llegado hasta nuestros días, en los que aún se sigue usando la expresión «que no te las den con queso» para prevenir posibles engaños; pero, aun así, la gente sigue tomando el vino con queso, incluso por iniciativa propia. El motivo de esta conjunción de alimentos tiene una clara explicación y, como siempre, la ciencia está detrás de ella.
Cosa de taninos
Los responsables de que aún a día de hoy el vino se siga tomando con queso son los taninos, unos compuestos químicos que se encuentran de forma natural en la piel y las pepitas de las uvas y son responsables del color y el sabor áspero del vino.

